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Por: Belén Márquez

 

El Domund es una Jornada Universal, que se celebra cada año en todo el mundo. Lo que se busca a través de esta Jornada Mundial de las Misiones, que además de apoyar a las obras misioneras de la Iglesia en su labor evangelizadora, se busca también motivar e impulsar a que existan cada vez más misioneros con un corazón ardiente de llevar la Buena Nueva a todos los rincones de la Tierra, especialmente a los más pobres, a los más olvidados, a los marginados y a todo aquel que se cruce en nuestro camino.

 

La labor evangelizadora de la Iglesia, es una responsabilidad y compromiso de todos los cristianos, desde el momento de nuestro Bautismo en que somos llamados hijos de Dios, desde ese momento pertenecemos a una sola Iglesia y en comunidad debemos apoyar a que se cumpla esta misión de llevar la Buena Nueva.

 

Debemos estar conscientes de que todo se convierte en territorio misiones, principalmente en el hogar y en la familia. El Evangelio se traduce en obras, y Dios se esconde en lo secreto, en el día a día, en lo más ordinario de nuestra vida, uno siempre debe buscar actuar de acuerdo a las exigencias del Evangelio, donde prevalece siempre la caridad, la justicia y la recta intención en nuestras acciones y decisiones.

 

“La cosecha es mucha y los trabajadores pocos.” No podemos dejarle a unos cuantos esta gran responsabilidad, gratis lo hemos recibido, gratis lo debemos de dar.

 

En el momento en el que hacemos la experiencia real del amor de Cristo en nuestras vidas, nuestro corazón queda transformado y por consecuencia, debe crecer en nosotros el querer compartir esta experiencia personal, y de persona a persona para que otros conozcan y experimenten aquello de lo que Tú ya has sido testigo.

 

Este es un día donde se llama a todo cristiano a colaborar directa o indirectamente a la actividad pastoral misionera de la Iglesia.

 

Las necesidades son muchas y nunca será suficiente cuando se trata de dar, existen muchos corazones generosos y hemos sido testigos de ello, ante catástrofes naturales recientes en nuestro país, pero que han prevalecido almas generosas capaz de darlo todo por el más necesitado y a los más desfavorecidos.

 

Pero no olvidemos que esto no se acaba, las obras misioneras siguen día a día, y sus programas educativos, campañas de salud, la construcción de capillas, la formación de catequistas, el sostenimiento y mantenimiento de hogares para ancianos, hospitales, escuelas, comedores y orfanatos para las personas más necesitadas de todo el mundo, dependen mucho de cada uno de nosotros y de nuestra generosidad, ya sea con tu colaboración económica o la donación de tu tiempo como misionero.

 

La caridad y la fraternidad como cristianos, prevalecerá en la medida en la que cada persona adquiera el verdadero sentido de la fe cristiana; el amarnos los unos a los otros, en Cristo.